Diamanda Galás se declara tres veces culpable de soliviantar a la burguesía
Esta noche, la diva estadounidense trae a Zaragoza su espectáculo "Guilty, Guilty, Guilty".
PABLO FERRER. Zaragoza | Diamanda Galás pertenece a ese reducido universo de artistas que hacen pedazos cualquier intento de categorización. Ese apellido acentuado -el mismo acento que aporta a su personalidad la sangre griega y otomana que le corre por las venas- le define ya como una angloparlante atípica. Superada esta anécdota, el desparrame de recursos escénicos, técnicos, instrumentales y vocales de esta mujer la convierten en una de las figura más relevantes de todas las que pisan escenarios en este planeta.
La estadounidense visita esta noche el Auditorio Eduardo del Pueyo con un espectáculo, "Guilty, Guilty, Guilty" -culpable al cubo- que editará en disco el sello Mute este mismo año. Será el primero de noviembre, y no de manera casual. El trabajo -y el espectáculo- es un compendio de canciones de amor y muerte, que lleva mostrando en directo desde noviembre del año pasado, y que se dirige a la yugular del espectador, con la intención manifiesta de soliviantarlo.
El tema del sureño maldito O. V. Wright"s "Eight Men and Four Women", es una de las banderas de este álbum. Wright, autor del himno "Motherless Child" que versionara el líder de Depeche Martin Gore en su álbum "Counterfeit" (1989), reúne en su biografía los elementos catárticos que también acompañan a otra de las "invitadas", la cantante de soul Timi Yuro, autora de "Time" y fallecida de cáncer tras una traqueotomía que acabó con su carrera. También entra ahí el "man in black", Johnny Cash, fallecido por complicaciones de su diabetes hace cuatro años, y revisitado por la Galás en "Long Black Veil".
En el espectáculo, Diamanda Galás también aborda el "Heaven Have Mercy", de Edith Piaf. El repaso a la discografía de la diva francesa y el tributo a otra gran dama de la escena, Marlene Dietrich, son parte del repertorio de la que es hoy inquilina del Auditorio Eduardo del Pueyo.
Además de las versiones, Diamanda Galás repasa en vivo su propio temario con profusión. El álbum "Sporting Life" (1994), hecho junto al bajista de Led Zeppelin John Paul Jones, es uno de los principales viveros de la parcela compositora de la Galás.
Además de una brillante pianista de formación clásica y un acercamiento académico a las artes visuales, la artista atesora a sus 51 años un rango vocal de cuatro octavas, algo de lo que pueden presumir pocas cantantes en el mundo, incluyendo las líricas. Todo va acompañado de una puesta en escena llena de momentos catárticos, gritos, ensoñaciones y otros elementos de puro drama.
Musa gótica y algo más
Las únicas categorías -más por decantación que por rigor- aceptables para Diamanda Galás son la de musa gótica, por su apariencia, y sal en una suerte de herida global. Se ha distinguido por su rebeldía furibunda contra la inacción general ante la pena de muerte y la epidemia del sida. En los años ochenta se tatuó la frase "We are all HIV positive" -todos somos seropositivos, cosa que no es cierta en su caso- para despertar la conciencia colectiva sobre la enfermedad. La demencia, el encarcelamiento político y la opresión sexual son otros temas tratados en su discografía.
El público zaragozano -con bastante gente de otras ciudades, que han pedido entradas en la web del auditorio- disfrutará hoy de ese arsenal de volteretas estilísticas, escalas mechadas por notas fuera de lugar y calzadas luego en melodías que se entrecruzan. Podrán admirar los temas de blues en susurro, el folk desgarrado, los interludios a capella y las arias fuera del tiesto, o jugar a identificar canciones originales - "I Put a Spell on You" de Screamin Jay Hawkins, por ejemplo-. O no. La solución al enigma, esta noche.